10 junio, 2020

Subversión de la Educación Financiera hacia la Pluriversidad

Por Ritxi Usategi Uriarte, de la Asociación Elkarcredit, organización de cooperación al desarrollo y educación para la transformación social, que coordina la Red Vasca de Educación en Finanzas Éticas y Alternativas (Finantzaz Haratago).

Donde otros ven casualidad, yo veo causalidad.
Merovingio

 

 

 

Si los difíciles momentos que está atravesando el planeta lo permiten, el 21 de mayo de 2021 se estrenará la última entrega de la saga de películas Matrix. La primera vez que pudimos acudir al cine a visionar la primera entrega fue en el año 1999 cuando quedamos sorprendidas de los novedosos efectos especiales que se mostraban, al igual que de la idea filosófica sugerida. Se planteaba una cuestión metafórica que trasladaba nuestra mente a relacionarla, por ejemplo, con la alegoría de la caverna del filósofo griego Platón que al principio del VII libro de la República trataba de explicar la situación en que se encuentra la humanidad respecto del conocimiento.

En estos tiempos que estamos pasando de cuarentena y confinamiento en nuestra propia caverna, hemos tenido la ocasión de ver cómo la defensa de lo público se hacía notable y de qué forma se daba especial fuerza al tejido de redes de solidaridad en apoyo a la gente más vulnerable. También ha habido tiempo de pensar en posibles alternativas para poder superar el amargo trago que está pasando la humanidad en todos los territorios y, especialmente, una revisión crítica del antropocentrismo practicado en este sistema colonial, capitalista y patriarcal que está alterando los ecosistemas y destruyendo la naturaleza, llevando al mundo directamente al colapso. Señalaba Murray Bookchin que “el ser humano ha creado desequilibrios, no solamente en la naturaleza sino también, y más fundamentalmente, en su relación con el prójimo y en la propia estructura de la sociedad; y los desequilibrios causados en el mundo natural son el resultado de los que ha provocado en la sociedad” (ROMERO y GERBER 2019, 15).

La pandemia se ha sumado a la crisis global que ya padecíamos (sistémica, múltiple y asimétrica) y hemos escuchado un sinfín de propuestas para apoyar la justicia climática, ya que no hay muchas más opciones que tratar de corregir las políticas y actuaciones en este sentido, y hemos leído los innumerables adjetivos que se ponían al desarrollo y a la ecología propuestas para tratar de seguir lavando la cara al concepto innombrable. El “sin nombre” es el capitalismo; ya que, en las innumerables horas que hemos estado delante del televisor y recibiendo información de otros medios de comunicación masivos, ha faltado una sola crítica rotunda y definitiva a que el objetivo único y urgente es el cambio definitivo de sistema. El fin del neoliberalismo, con el crecimiento económico sin limitaciones y la desigualdad que prolonga, debería ser la primera alternativa a poner encima de la mesa para poder pensar a consecuencia de ello en la construcción de otras propuestas.

Uno de los debates más recurrentes ha sido en lo referente a la educación, a la necesidad de recuperar las clases presenciales, a las brechas existentes que se podrían agudizar, a volver a recuperar el sistema educativo como siempre lo hemos conocido… Se había apuntado ya que “a las múltiples dimensiones que la crisis civilizatoria del capital posee sobre la realidad humana y natural, se agrega una crisis del pensamiento: se ha menoscabado la construcción –o siquiera discusión– de las grandes soluciones que el mundo necesita” (ACOSTA Y CAJAS 2018, 38). Finantzaz Haratago, la Red Vasca de Educación en Finanzas Éticas y Alternativas, lleva un trabajo con los centros educativos vascos a favor de una educación económica crítica. Quizás también sentimos, como en la película, que estamos en un cautiverio, atrapadas en una prisión que no podemos ver ni tocar, que nos están ocultando la verdad; en la educación económica y financiera de los centros educativos también impera el pensamiento único.

El Plan de Educación Financiera de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y el Banco de España ha contribuido en la inclusión de la educación financiera en el currículo escolar. Se observa cómo las entidades privadas bancarias están mostrando un gran interés en introducir sus ideas en las aulas y moldear el currículum educativo de estas asignaturas en su favor. Desde Finantzaz Haratago se está intentando impulsar, como contrapeso para nivelar la balanza, una educación económica y financiera social, solidaria, ecologista, feminista y ética, con la generación de alianzas locales-globales con profesorado y agentes de transformación.

Este trabajo de participación colaborativa asume que si la educación financiera forma parte del proyecto educativo es fundamental incidir para que incluya la sensibilización sobre los impactos humanos, sociales, ambientales y de género del sistema financiero. Es palpable y notorio que la ciudadanía y las asociaciones organizadas muestran gran capacidad de hacer propuestas transformadoras de alto impacto social contribuyendo desde lo horizontal hacia una economía social y solidaria, con la voluntad de construir un modelo financiero que tenga su centro y objetivo en las personas y en el planeta.

Como hemos señalado, las entidades bancarias están ofreciendo talleres y materiales “educativos” a los centros escolares. Creemos que las consecuencias de las diversas crisis financieras y la creciente desigualdad han puesto de manifiesto los impactos negativos que la gestión de la globalización financiera y las prácticas de las entidades bancarias pueden tener en la economía y el bienestar de las personas y la naturaleza. Aun así, siguen con el empeño en perfumar la educación con su colonia mental, generando lo que Paulo Freire llamaba, precisamente, la “visión bancaria” de la educación donde el único margen de acción que se ofrece a los educandos y educandas es el de recibir los depósitos, guardarlos y archivarlos, ya que el conocimiento es una donación de aquellos que se juzgan sabios a los que juzgan ignorantes (FREIRE 2019, 62).

Al contrario, creemos que el sistema educativo debe dotar al alumnado de competencias, espíritu crítico y madurez para saber desenvolverse en su entorno, en el que las finanzas tienen un peso creciente; pero, en la nueva docencia, el sistema financiero aparece totalmente desligado del sistema económico.

Las principales hipótesis sostenidas para el comienzo del proyecto Finantzaz Haratago siguen comprobándose y siendo más vigentes que nunca con la publicación del último Plan de Educación Financiera. La introducción de la Educación Financiera como materia específica del currículum educativo continúa presentando riesgos evidentes derivados del paradigma económico del que parte la consideración de lo que es capacitación financiera y, por tanto, de cuáles son los contenidos seleccionados en el programa formativo, cuáles los omitidos y quién los imparte.

Entre estos riesgos, encontramos la invisibilización del impacto de las decisiones financieras en el bienestar colectivo, la ausencia de imparcialidad de las entidades financieras privadas en su rol como educadoras, la focalización de la responsabilidad ante los riesgos financieros en las personas, la legitimación del statu quo y el fomento del inmovilismo ciudadano, validando así la visión del sistema neoliberal.

Consideramos que en la educación debe haber una muestra de alternativas para facilitar la elección, tiene que existir un campo de posibilidades de conocimiento que no esté dictaminado por la hegemonía. La libertad de elección, tan pervertida en el capitalismo, se fundamenta de la misma manera en el sistema educativo. Lo asumía también Merovingio en la descripción de la matriz cuando señalaba que “la elección es una ilusión creada entre quienes tienen poder… y los que no lo tienen”.

El trabajo horizontal que se está realizando a favor de una educación económica crítica tiene una doble vertiente: la de la reflexión y la de la acción. Consideramos el consumo como un acto político, no sólo en productos de comercio local, de energía sostenible, etc., sino también cuando hablamos de herramientas financieras éticas. Creemos que las finanzas éticas deben ser un eje de responsabilidad social que se promueva como motor de cambio para trazar políticas y economías más sociales y solidarias, por lo que es necesario fomentar una educación que ponga de manifiesto el valor intrínseco que conllevan.

Al fin y al cabo, volvemos a tener delante la elección de la píldora. La posibilidad de elegir la pastilla azul y “fin de la historia”, como también señaló Fukuyama, o tomar la píldora roja y adentrarnos en “el país de las maravillas” con Alicia a través del espejo, donde a través de la ecología de saberes encontremos una educación involucrada en las luchas sociales por una sociedad más justa (SANTOS 2019, 277); un pluriverso con muchas pluriversidades para mostrar otros mundos posibles.

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